Recuerdo que en una sesión que tuve en un taller de literatura, una compañera nos pidió escribir una carta a nuestro primer amor o a un viejo amor, esto con la intención de generar una dinámica diferente en la siguiente sesión del taller y claro porque caía en 14 de febrero. Fue algo que a todos nos emociono en aquella ocasión recuerdo que todos salimos motivados a querer escribir aquellas bellas lineas... Ayyy cositas, estábamos equivocados porque aquel día fue considerado uno de los más tristes de la historia de ese taller.
Una compañera habló del mejor novio y amor que había tenido y de lo feliz que había sido con el, lamentablemente él tuvo que irse a otro país y ahí quedo la relación, eso fue algo que a ella le dolió mucho y cada que le preguntaban por su novio ella respondía con la siguiente frase: "El esta muerto".
Un amigo hablo de una hermosa chica a la que se había hecho novia, chaparrita, de cabellos negros y rizados, de como fue un amor fugaz, de esos flechazos express que en el instante dan todo pero en una semanas el amor ya se había consumido por completo y aún después de un par de semanas, el no se arrepentía de nada.
Y finalmente estaba yo, que escribí lo siguiente (o lo que recuerdo):
No recuerdo como paso, ni en que momento sucedió. Quizás fue cuando la vi usando un corset rojo o cuando ella venía a sonreírme y a charlar conmigo sobre las cosas típicas que los adolescentes hablan en pequeños susurros esperando confesarse el uno al otro.
No era alta, con ojos castaños que hacían juego con su pelo del mismo tono como los de cualquier otra persona, pero, esa sonrisa... Recuerdo que tenía una enorme sonrisa blanca, unas mejillas rosadas que no había necesidad de sonrojar.
Recuerdo que cada que charlaba con ella sentía que podía hablar con alguien de todo, sin sentir miedo...
Recuerdo que ella fue la primera mujer que accidentalmente me saco un chipote, estuvo preocupada todo el día y siempre estuvo cerca para ver si me encontraba bien.
Recuerdo que una vez me pidió que la acompañara a la parada del camión y yo estaba feliz, algo nervioso pero muy feliz.
Eso es lo bonito de recordar, que uno puede elegir que cosas conservar y que no.
Quizás todo este tiempo me haya dedicado a recordar las cosas buenas que pase con ella y no las cosas malas que también me tocó vivir.
Me gusta pensar que esta clase de recuerdos son como una pequeña estrella fugaz que cada vez se alejan más y en un punto voy a olvidar.
Ella se quedo con uno de mis mejores amigos, nuestra amistad desapareció.
Siempre quise una foto de ella...
Así me sería más fácil recordarla que tratar de revivir los pocos recuerdos o lo poco que quiero recordar de ella.
Pues los recuerdos se distorsionan y se pierden con el tiempo.
Por si se lo preguntaban, su nombre era Aide.
Podría olvidar como vestia, que le gustaba o disgustaba.
Podría olvidar su color favorito, su novela favorita.
Podría olvidarme de su sonrisa, de su cabello, de sus ojos, del chipote, de como lucia, reía y de nuestras charlas.
Pero nunca me olvidaré de su nombre...
Charly, soy estudiante de antropología, me gusta escribir y siempre he tratado de mejorar mi redacción a veces va bien y otras ocasiones no tanto. Espero lo disfrutes.
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